lunes, septiembre 17, 2012

Tortuga trepadora

No amigos lectores, no he ingerido, fumado o untado sustancias espirituosas que dan risa y provocan vuelos no programados.

El título de esta entrada, va dedicado a una pequeña tortuga de la especie "Trachemys scripta elegans", es decir, una tortuga de orejas rojas y popularmente conocida como tortuga japonesa, al parecer hembra y que llegó a casa hace poco más de un año.







Pero no se dejen llevar por lo que acabo de decirles, pues la entrada también va dedicada a aquellos que alguna vez nos hemos sentido limitados por nuestras capacidades físicas o mentales conocidas, ya sea porque nosotros hemos conocido nuestros propios límites, aparentemente, o bien porque otros se han encargado de decirnos cuales son.

Esta pequeña tortuga, con -calculamos- unos tres años de vida, llegó a manos de mi hijo mayor como nueva mascota, quien al colocarla en el piso mostró de inmediato que no era una tortuga común y corriente, pues apenas sus patas tocaron el piso, literalmente corrió tan rápidamente que dejó a mi hijo, mi hermana y mi cuñado sorprendidos por la velocidad; de tal forma que mi hijo decidió llamarla "Flash".

Después de casi un año de tener a Flash consigo en su casa con su madre, mi hijo se encontraba preocupado debido a que al parecer la pequeña tortuga había contraído una infección en los ojos y no los habría, lo que a su vez había provocado perdida de apetito, por lo que le sugerí que me la llevara un tiempo para cuidarla, atenderla y estar al pendiente de ella y así lo hizo.

Sobra decir que tanto mi mujer como yo tuvimos los cuidados suficientes y requeridos para la pequeña Flash, por lo que rápidamente vimos una muy buena recuperación que a su vez se tradujo en un crecimiento notorio, crecimiento que hasta la fecha ha continuado y que hace un par de meses comenzó a preocuparnos por el hecho de que la pequeña Flash comenzaba a tratar de escaparse de su tortuguero -un contenedor especial y más grande- al usar sus patas delanteras para jalarse por el borde del mismo recipiente.

Ante tal insistencia por querer salir, comenzamos algunos sábados y domingos a permitirle hacerlo, al principio con una supervisión estricta, sobre todo por la otra mascota de la casa, un perro schnauzer, al que no dejábamos de llamar la atención cada que se acercaba a olerla.

Y así fue que esos pequeños intervalos en que comenzó a disfrutar su libertad, se fueron convirtiendo de minutos a horas, pues hoy en día se puede estar todo el día explorando la inmensidad del patio trasero y su curiosidad y espíritu aventuro no quedan del todo satisfechos, pues aún cuando en las noches regresa su contenedor, ella continua con los esfuerzos para salirse y regresar a la libertad.

Poco a poco la pequeña Flash me fue mostrando que no era ya una tortuga común y corriente, pues su interés por todo lo que encuentra a su paso es mayúsculo y no hay obstáculos que puedan impedirle llegar a donde quiere ir, subiéndose a pequeños objetos que encuentra a su paso, ella continúa adelante.

Sin embargo el día de ayer, realmente me sorprendió, pues después se subir a un pequeño escalón que rodea una jardinera y que se encuentra cercado con una malla de alambre, la pequeña Flash miró hacia arriba unos segundos, después de un parpadeo levantó una patita delantera, la posó en la malla y enseguida comenzó a trepar en un ángulo de 90 grados, usando sus pequeñas garras y la fuerza de sus patas para soportar el peso de su caparazón, en unos segundos más llegó a la cima, de donde se limitó a observar todo a su alrededor con  una mirada de curiosidad, con brillos de satisfacción y de orgullo.


Sorprendido llamé a todos en casa y les mostré lo que la determinación y voluntad de la pequeña Flash había logrado, pero sobretodo la lección que acababa de darme.

Estoy seguro que de haberlo querido hubiera logrado impedir que Flash trepara cual araña hasta la parte más alta, en aras de su seguridad e integridad física, y que dicho impedimento hubiera sido el tomarla en mi mano y bajarla, pero no lo quise hacer, porque en realidad Flash estaba haciendo un buen esfuerzo para lograrlo y se notaba la determinación con la que escalaba.
Pude haberle dicho que era una tortuga muy pesada y no ágil para intentarlo siquiera, aunque ella no me hubiera entendido, así que mejor me guardé mis comentarios y me limité a supervisarla y estar ahí en caso de que algo surgiera.

Fueron segundos en los cuales mi mente comenzó a volar, me hizo pensar en aquellos hombres y mujeres que nos representaron en los juegos paralímpicos Londres 2012, cuya determinación, voluntad, esfuerzo y disciplina los hizo ganar muchas más medallas que la delegación olímpica mexicana.

Y por supuesto que me hizo recordar aquella fábula de la Tortuga en el poste, pero además reflexionarla.

Es cierto que en nuestro bello México tenemos muchas tortugas en el poste, pero afortunadamente somos más aquellos que tratamos de salir adelante aún con nuestra limitaciones y demostrar que aunque esas Tortugas estén en el poste, nosotros podemos ser Tortugas trepadoras, alcanzarlas aunque alguien las haya puesto ahí y bajarlas.

Yo seré de ahora en adelante una tortuga trepadora. ¿Y tu?








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